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Foreplay: Somewhere over the Rainbow

Karen Luy de Aliaga – Poeta peruana@k_luydealiaga

La primera reacción de la gente al pasar frente a la tienda es caminar más lento y observar de reojo, como quien no quiere la cosa. Chicas con chicos, chicos con chicos, chicas con chicas que se atreven a cruzar el umbral de la puerta y el de su curiosidad. Tocan, huelen, sienten, miran por todas las aristas. Examinan y finalmente, cuando ya no pueden guardarse más la pregunta (porque siempre habrá una pregunta aquí), buscan con la mirada a Osman, quién siempre tendrá la respuesta correcta y sin prejuicios. 

Foreplay es una sex shop para sentirse cómodx y segurx, donde lo que menos interesa es quién te gusta o te pone, sino cómo piensas disfrutar de tu vida sexual con esa persona.

 

La primera vez que entré a una sex shop sudaba frío. Recién estaba por salir del clóset y para colmo, estaba con mi mamá. Nos perdimos en La Gran Manzana, entramos para pedir referencias y yo, al percatarme de qué tipo de tienda era, me quedé con los ojos abiertos como dos universos. Ella no lo recuerda, nerviosa por habernos perdido, mientras yo alucinaba con aquella pequeña tienda de avisos luminosos, juguetes sexuales y ropa interior con diseños fuera de lo común. Qué cara habré puesto para que la chica que atendía me guiñara el ojo, en complicidad con mi primera vez. Bastaron tres minutos en esa tienda para saber que no sería la única vez que entraría a una.

 

Diez años más tarde, junto a tres amigas decidimos hacer un pedido online de sex toys, como quien pide pizza. En plena crisis financiera de los EEUU se remataban a $0.05, solo había que pagar el delivery. Nos llegó una caja inmensa, del tamaño de un árbol de Navidad. Y sí, sentimos que era Noche Buena, repartiéndonos juguetes y comentando entre todas sobre funciones y usos. No nos daba vergüenza conversar de un tema tan importante y cotidiano como la sexualidad. Además, nos dimos cuenta de que al normalizar el tema teníamos un círculo de confianza especial, nuestro lugar seguro, así fuéramos heteros o queer. Todas veníamos de hogares donde hablar de sexo era un tabú. Y hasta ese momento, los sex toys que habíamos visto en nuestra ciudad eran de una sola forma y un solo color, que solo se usaban como mazos de piñata en despedidas de soltera. Daban lástima.

 

Luego visité sex shops en otras ciudades, es parte de la curiosidad en los viajes. Recuerdo una tienda gigantesca con shows y charlas en vivo, donde personas de toda edad, género y orientación sexual resolvían sus dudas, adquirían el producto deseado y se iban sonrientes a sus casas. Tal vez la manera cómo hemos sido criados nos ponga ciertas barreras que dificultan nuestra decisión de visitar una sex shop, pero lo cierto es que deberíamos pensar en ellas como un lugar cómodo, una visita divertida a solas o en pareja, una inversión en una vida sexual saludable. Solo se vive una vez.

 

Siempre me preguntaba cuándo llegaría el momento de visitar una sex shop así en mi ciudad, donde encontrar todo lo antes mencionado, sin que importe con quien quiero compartir mi cama o mis afectos. Y ese es precisamente el espacio que he encontrado en Foreplay, una sex shop diversa, cálida, dónde todas tus dudas te las responderán sin tabúes ni prejuicios. Aquí no hay roche que valga.

 

Lo primero que busco, por inercia, es la sección LGBTQI. Es fácil, solo tengo que seguir los arcoiris. Dildos, vibradores, lubricantes con sabor y aroma, extensores, simuladores, masturbadores, látigos, elementos BDSM (bondage, para los no conocedores), accesorios de cuero, libros ilustrados y hasta juegos, como para una amena noche de fin de semana. El de 50 sombras de Grey ya podrán imaginarse de qué va. Luego me quedaré más de una hora observando la variedad de la tienda. Hay juguetes lúdicos, vibradores con diseños basados en Alicia en el País de las Maravillas, súper heroínas o hasta de Totoro (este fue mi favorito, lo confieso), que enciende los ojitos cuando cambias de velocidad. Están también los caletas:  vibradores con forma estilizada, nadie se dará cuenta que ese tacón o ese patito de hule son tus fieles compañeros de baño de tina. La ballenita o el delfín son tan minimalistas y vanguardistas que pueden pasar como adorno de mesa de noche. Desde una esquina nos observa silencioso el calendario del chef peruano calato que rompe en ventas.

 

Osman resuelve todas mis dudas. Me cuenta que el juguete más vendido es un dildo de tamaño pequeño, que lo compran chicas para jugar con sus novios, quiénes no sienten su masculinidad amenazada por experimentar el sexo anal. Se agotó. También se agotan los juguetes Kegel, porque vivir plenamente tu sexualidad no es solo placer sino también es salud, y los ejercicios Kegel te permiten mantener los músculos de la vagina joven y fit. No importa la edad que tengas, estos ejercicios garantizan que siempre estés en forma.

 

Antes de irme, llamo a mi novia para decidir cuál llevaremos. Nuestros viajes no nos permiten vernos tan seguido, pero he encontrado el juguete ideal para estar conectadas a la distancia. Vibradores que funcionan mediante una app, no importa si ella está en Hawaii y yo en Bombay, la modernidad nos hará saber cuánto nos extrañamos con presionar un botón. Yo quiero uno pequeño que va al ritmo del reproductor de música, pero ella quiere un delfín de color aquamarina. Tal vez llevemos ambos, total, ya se acerca la Navi-dar.

 

 

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