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La dominancia desde el amor: el BDSM en pareja

Solsiré Faro – @labrujaarcoiris – Terapeuta y redactora

Prendas de cuero, látigos y dolor es lo primero que viene a la mente cuando de BDSM se habla. Pero, lo creas o no, puede haber mucho amor en este juego de poderes.

Una gran cantidad de personas no sabían nada de esta  práctica hasta el boom de 50 sombra de Grey, y aunque se agradece la plataforma que se abrió para la comunidad BDSM, la famosa película reforzó en el inconsciente colectivo la idea de una pareja disfuncional que tiene sexo intenso y agresivo – combinación perfecta para una relación tóxica. Toda esa fama no es de extrañar, ya que la novela nació de las fantasías de una escritora que nunca experimentó el BDSM. El asunto es que el verdadero BDSM está lejos de ser una forma de abuso y toxicidad.

Es indiscutible que la práctica llama mucho la atención. Nos atrae tanto porque, en una sociedad que incentiva llevar vidas rígidas, cronometradas, con deadlines y metas, la idea de rendirnos totalmente, de explorar nuestras fantasías, de tomar o ceder el poder y entregárselo a alguien que se encarga de tu placer lo es todo.

El BDSM tiene muchos matices y, según un estudio realizado por el Journal of Sexual Medicine, quienes lo practican suelen ser más sanos psicológicamente. Existe un cuidado la dinámica de la dominancia y la sumisión, y puede ser igual de excitante dominar como ser sumiso. Contrario a lo que se cree, ambas posiciones tienen el poder.

El que es dominante toma poder decidiendo lo que sucede y encargándose de llenar de sensaciones al que es sumiso, y éste tiene poder precisamente porque decide rendirlo y entregarse al dominante. El juego comienza creando un contexto consentido en el que los límites, las intenciones, lo que se quiere explorar, las fantasías y los deseos han sido hablados previamente.

Si la intención de uno es que el otro sienta todo lo rico posible, y la intención del otro es sentir eso en confianza y en un contexto seguro, no queda duda que hay una preocupación y un sentir más profundo que la sola búsqueda de poder. Más aún si con quien practicas BDSM es tu pareja: el placer, la confianza, la rendición y el amor se vuelven el alimento de la relación.

Creo que aquí el corazón está en que, como dominante, la persona que se entrega a ti es feliz y puede de sentir todo el placer del mundo estando contigo. Como sumiso, está en saber que hay alguien que te acepta y te ama como eres, que conoce esa parte de ti y la cuida tanto que va a hacer lo que necesite para hacerte sentir lo que te gusta. Eso es mucho más fuerte que un simple juego de quién tiene el poder.

En toda relación de pareja, la sexualidad es tan poderosa que puede definir la calidad y el futuro de esa relación. Mantener una relación de pareja que tiene un espacio en la intimidad para recurrir a la sumisión hace más que solo aumentar la satisfacción sexual. Cada persona entrando en el rol que más disfruta termina sintiéndose más unido a su pareja, el amor se fortalece, el placer que pueden alcanzar juntos los  empodera, e incluso hace posible conocer a la pareja en formas que nadie más conoce. Crea una sensación de pertenencia y satisfacción que pocas otras cosas pueden crear.

No son conceptos fáciles de aceptar, por lo menos no por la mayoría. Hoy en día el acto de dominar está amarrado a una persona dañina que toma lo que quiere sin considerar nada más. Por otro lado, la sumisión está contaminada de rabia porque la asociamos con debilidad. Estos dos actos (ser dominantes o sumisos) los hacemos durante el día en distintos aspectos que no nos dañan. Son parte de nuestra naturaleza y nos vendría bien explorarlos sanamente en el  sexo y el amor también.

 

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