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Miedos pafuera

Xime Lozano
Publicista, Directora de Comunicaciones de Círculo.
Ansiosa diagnosticada, viuda con Tinder Passport.
La que Gime en el podcast @gimecongracia

Desde hace varios días le vengo dando vueltas al tema miedos de la sexualidad. Para no generalizar y porque, obviamente, no soy entendida en el tema más que de manera práctica, voy a hablar un poco de mi experiencia personal.

Creo que mi primer gran miedo venía por un tema de educación. Yo nací y fui criada en una familia católica y si bien no le tenía miedo a Dios, sí se lo tenía a mis papás (a mi mamá sobretodo, representante directa en Lima de la doctrina pro castidad de la religión). Mi papá, médico, con una visión más realista de la vida, desde chica me habló sobre métodos anticonceptivos; mi mamá, por su parte, me decía que el mejor método era la abstinencia y así, sin querer queriendo, y porque el cerebro hace conexiones aunque no quieras, si bien quería tener ya una primera vez, la sola idea de que mis papás se enteraran o de que saliera con el “domingo siete”o alguna ETS por ahí, me aterraba. Tal fue mi cierre mental y vaginal que cuando tuve sexo por primera vez, a los 19 años, mi psicóloga casi me hace un tono (fue un tema recurrente en mi terapia por esa época).

Mi primera vez realmente me liberó, me sentía otra. Más allá del placer (que la verdad no sentí mucho, sólo por momentos), me había sacado una tara mental de encima. Me había desbloqueado. Ni mi mamá me desheredó, ni Diosito me mandó una plaga, ni mi papapa muerto se me apareció para decirme que era una puta. Todo estaba bien.

¿Y ahora? ¿qué sigue? Bueno pues, ya se había abierto la cajita de pandora y tocaba pasar por mi siguiente gran miedo: la masturbación. Otra vez la gran amiga, La Mente, tratando de meterme cabe y hacer que me de pudor estar conmigo misma. Parece algo idiota pero vencer esa vergüenza y un poco de culpa también, no fue fácil, pero sí necesario. Como decía mi sensei Alessandra Rampolla, hay que conocerse y me tomé ese consejo muy en serio. Conocerse y tocarse no sólo es rico (riquísimo) sino básico para poder disfrutar de una relación sexual con otros. Claro que el autonocimiento toma tiempo…vas explorando, te vas atreviendo a otras cosas hasta que por fin te sabes de memoria tu mapa corporal del placer. Hasta ahí, todo bien. Sabes que eres buena teniendo sexo contigo. Bravazo. Pero…¿y con otros?

Ahí viene el tercero de mis miedos: ¿Seré buena?, que paradójicamente viene linkeado al cuarto miedo: Si soy buena, ¿van a creer que soy puta? Tengo que admitir que estos dos miedos han sido recurrentes para mi porque, por más que me haga la de oídos sordos, no puedo evitar escuchar comentarios de gente cercana que todavía piensa que una mujer que tiene sexo sin estar enamorada y que lo disfruta es una mujer que no se valora. Gente, estamos en el siglo XXI, yo me valoro y mucho y porque me valoro puedo reconocer que soy una mujer sexual, con necesidades y gustos. Una mujer que se puede sentir con ganas de la nada, que no tiene miedo de dar el primer paso y que puede soñar con una película porno y se despierta para buscar su vibrador (es más, me lo llevo de viaje también). Nosotras también somos sexuales.

La pregunta del millón: ¿cómo te quitas los miedos? No hay una receta exacta, aunque muchos parecen coincidir en que la respuesta sería: enfrentándolos. Tirémonos a la piscina, o a la cama, o al sofá, o a la tina o a la mesa del comedor…donde quieras.

Tengo que admitir que yo tuve mucha suerte porque esta época post primera vez y exploración sexual, me tocó vivirla en un país donde el sexo no era un tabú. Y si a eso le sumas una psicóloga increíble que me hacía barra en cada logro, el éxito rotundo hacia el destrabe cerebral sexual era inminente.

Actualmente creo que vivimos una revolución sexual. Revolución sexual porque ya se puede hablar del tema sin ser “mal vistos”. Tenemos más información a la mano. Podemos acceder a profesionales que nos guíen si lo necesitamos. Hasta podemos comprar el juguete sexual de nuestros sueños sólo con nuestro teléfono. Vencer todos los miedos que vencí hubiera sido mucho más fácil en estos tiempos.

Como último consejo, dejemos de hacerle caso a los que nada tienen que hacer en nuestra vida. Mi  cuerpo, mi cama, mi asunto. Si se siente bien para ti, ese es el camino. Si tienes curiosidad, inténtalo. Pafuera los miedos, no saben lo rico que se siente.

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