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Sobre la deconstrucción sexo-afectiva

Por: Agustín Alvear-Blau

De profesión soy profesor de inglés, y tengo certificaciones de coach con PNL y coach de vida, además de un minor en intervención social, y diplomados en educación afectiva y sexual, y sexualidad, además de uno en liderazgo social, llevo mas de dos años especializándome en relaciones no-monogámicas éticas, como lo es el poliamor, actualmente me desempeño como coach de relaciones y como facilitador de los talleres en PoliamorChile.
mis redes son: @coachderelaciones.agustin@poliamorchile.

Nuestra sociedad que constantemente nos inspira a la competencia desleal hacia otres, nos ha obligado por generaciones a repetir patrones socioculturales que nos limitan tanto personal como socialmente a replicar el modelo único imperante, ese que deshumaniza y aliena nuestras relaciones e interacciones con otres, dejando siempre en un segundo o tercer plano lo que realmente nos vuelve humanes, nuestra emocionalidad, esa que nos revela a une mismo nuestro real ser.

Adentrarse en las no-monogamias éticas, es emprender un camino repleto de dificultades, tanto personales como sociales, pues te aventuras casi a ciegas al carecer de referentes validos que nos permitan vislumbrar un lugar firme en el cual aferrarnos para no estar a la deriva en un mar tempestuoso de emocionalidad y dudas, donde te enfrentas por un lado al monstruo interno que por años quisiste ignorar y fingir que no existía y por el otro a tus vulnerabilidades que también escondías del mundo, para eventualmente surgir renovade y más integre. Pero este proceso no es gratuito, pues había razones que nos hacían ocultar nuestros monstruos y vulnerabilidades, razones inherentes a nuestra sociedad capitalista y competitiva que solo nos inspira a superar a otres sin importar la forma ni el medio.

Es ahí que es imperante realizar un proceso de concientización para lograr salir a flote y no morir en el intento, pues en palabras del neuropsiquiatra y psicoanalista Fritz Perls “sin conciencia no hay nada, ni siquiera conciencia de la nada” entonces al comenzar a observar críticamente la realidad, no solo la social, sino que la humana que nos rodea comenzaremos a  visibilizar conductas y dinámicas que estarán desconectadas de algunos de nuestros valores, y se ansiará respetar esos valores. A ese proceso se le denomina deconstrucción, pero la deconstrucción debe ser transversal e interseccional, en las no-monogamias no basta con eliminar la exclusividad sexual en la pareja, pues dicha exclusividad se sostiene en el sistema monógamo, y es ahí donde hay que apuntar. Debemos analizar nuestros comportamientos, nuestras formas de crear vínculos con otres, la forma de amarles, de expresar nuestra sensualidad, deseo y sexualidad, a la vez de que respetamos nuestra emocionalidad, ese ser único y real que somos. Y asumir esa emotividad significa que somos propensos a ser afectados emocionalmente, que sentimos emociones, y estas como corriente eléctrica harán saltar todas nuestras heridas emocionales y vulnerabilidades, y hay que dejarlas saltar que tomen aire para comenzar los procesos de sanación necesarios, lo cual nos permitirá retirar todos los escombros que impiden el empoderamiento de nuestro ser emocional.

Muchas veces nos sentiremos tentades a abandonar el camino a medio andar, pues la marcha se siente cuesta arriba y los condicionamientos y creencias limitantes ancladas en nuestra mente nos dicen que es mejor no luchar, rendirse y rodar colina abajo, haciéndonos olvidar que lo que no funciona, no somos nosotres, sino que es el sistema. Un sistema, que nos lleva a la confrontación (alla abajo donde, si nos rendimos, acabamos rodando) e invalidación de otres como seres humanes iguales a une, con las mismas, o similares, heridas. Invalidades así no logran ser sujetos de nuestro amor, preocupación y compasión, y es así como justamente nos quiere el sistema individuales sumidos en relaciones de producción que solo logran un mayor individualismo. Pero las no-monogamias nos presentan otro paradigma, y es en el donde surge, o puede surgir, una de las cosas más lindas de las no-monogamias, que son los afectos en red, no jerárquicos, no competitivos, no excluyentes, sin privilegios, pero repletos de derechos comunes. Donde entre todes nos vayamos acompañando en nuestros procesos, si bien personales, nunca individuales sino que colectivos, donde los cuidados mutuos sea el lenguaje vincular.

 Suena utópico, y lamentablemente muchas veces lo es, pues el sistema monógamo es un monstruo que muta según la necesidad del momento y replica la monogamia en relaciones múltiples, donde lo que impera es la competencia hacia otres, quizá no les mismes otres de la relación, pero si otres otres manteniendo las jerarquías en los afectos, y con ella la exclusión, la confrontación y la tan nociva competitividad. Por eso en necesario analizar nuestras dinámicas de poder, sexuales, de vinculación, y el trato que les otorgamos a otres, si les reconocemos como legítimos iguales, para construir desde ahí y continuar con la deconstrucción y desmantelación del sistema monógamo.

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