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¿Tengo ansiedad social o no?

Hola, soy José Carlos (@psicologojosecarloselias), psicólogo clínico e hipnoterapeuta, esposo de Giuliana y papá de Facundo y Josefina. Apasionado por el desarrollo integral y el bienestar personal. Me gusta la música de los 90’s y la literatura de ficción. Fanático del fútbol y de pasar tiempo en familia.

En este regreso paulatino a las actividades fuera de la cuarentena, nos estamos viendo forzados a empezar a salir a la calle y poco a poco vamos retomando las actividades que solíamos hacer de manera cotidiana hasta aquel fatídico inicio oficial de la pandemia. Y si algunos de ustedes son como yo, entienden cómo es que se vivió respetando las normas de la cuarentena, considerando indispensable distanciamiento social y aplicando los más exhaustivos protocolos de limpieza ante cualquier cosa que llegaba a nuestra casa.

Y la primera sorpresa que tuvimos fue que pese a lo que nosotros podíamos pensar, nos dimos cuenta de que la vida siguió avanzando pese a nuestro responsable encierro, la gente salía a las calles, no respetaba la distancia y realizaba sus actividades como siempre, con alguno que otro cuidado es cierto, pero más por obligación forzada que por esa voluntad propia y altruista de cuidarnos entre todos. La segunda fue que, de la nada, comenzamos a sentirnos un poco raros, como que algo no encajaba, sintiéndonos un poco tensos, inseguros, a veces un poco acelerados, el corazón latiendo más rápido y teniendo una pequeña sensación de falta de aire, cada vez que teníamos que salir. Otras veces nos sentíamos desganados, sin animo o energía. Y la consecuencia es siempre la misma, preferíamos no estar con los demás, no ir a reuniones o no acercarnos mucho a las demás personas. Eso nos hace sentir mal, porque antes no nos había pasado y lo peor es que todos los demás no entienden que pasa y nosotros no podemos explicarlo.

Analicemos un poco el primero de los escenarios. Esa sensación de malestar es denominada ansiedad, pero antes de seguir quiero contarte algo para tenerlo claro: La ansiedad de por si (así como un nivel controlado de estrés) no es mala. Todos los seres humanos venimos programados “de fabrica” con algunos elementos adaptativos que nos han permitido sobrevivir. Sentimos miedo a aquellas cosas que realmente nos van a hacer daño e inmediatamente se nos nubla la racionalidad y nuestro cuerpo se prepara inmediatamente para huir o pelear contra eso que nos va a causar daño. Pero eso no se queda ahí, el ser humano es capaz de imaginar, y cuando imagina que algo posiblemente le puede hacer daño, se activan los mismos mecanismos que activa el miedo, pero en menor intensidad, para estar preparados para activarse y huir o luchar a penas sea necesario. Eso es un carácter adaptativo que nos ha permitido sobrevivir hasta ahora.

Lo malo es que, si hay algo que no es lógico o racional, es como se funciona el cerebro humano. Algunas personas empezamos a sentir ese malestar físico y emocional ante elementos específicos de los que queremos huir o luchar. A esto le llamamos ansiedad específica. Y podemos generar ansiedad o fobia especifica ante cualquier cosa, literalmente cualquier cosa. Has escuchado fobia a las arañas, a las serpientes, a las alturas. Y eso hace que las personas huyan y no se acerquen a los objetos que ocasionan esta sensación. Y si lo pensamos tiene algo de lógica, una araña, una serpiente te pueden envenenar, y una caída de gran altura te puede hacer mucho daño, pero también hay fobias a los payasos, al agua, al amarillo (xantofobia para mayores referencias) por dar algunos ejemplos. Ante todos estos objetos que nos hacen sentir así, solo buscamos alejarnos de ellos para poder controlarlos y no sentirnos mal.

Por otro lado, sentimos ansiedad o fobia también ante situaciones a las que nos podemos exponer, en las cuales sentimos un gran malestar por sentirnos evaluados, criticados o menospreciados. Esto recibe el nombre de fobia o ansiedad social, y lo que ocasiona es que queramos huir de situaciones sociales en las que nos podamos ver expuestos o vulnerables.

En el segundo escenario, la falta de energía, el desgano y el no querer realizar las actividades o no queremos ver a los demás, esta más cercana a inconvenientes emocionales, porque recordemos que, durante un cuadro ansioso, el cuerpo fisiológicamente se encuentra activado, preparado y dispuesto para huir o luchar. Pero si la falta de esa energía es predominante hablamos de otro mecanismo en nuestra psique.

Es por lo que no debemos hablar a la ligera del termino ansiedad social. Que alguien no desee o no pueda reestablecer sus lazos amicales o sus actividades sociales como antes no necesariamente significa que este padeciendo de lo que la mayoría pueda entender como ansiedad social. Y esto es necesario identificarlo para establecer el mejor camino a tomar para que nos podamos sentir mejor, que en el fondo es lo que todos queremos, ser felices. Sera necesario un análisis real y exhaustivo, a veces por parte de un profesional de la salud, para encontrar la mejor solución a los problemas que sentimos.

Como reflexión final te pregunto: ¿Dejaste de asistir a reuniones social por miedo a sentirte evaluado y criticado? Si la respuesta es no, lo más probable es que no se trata de Ansiedad Social. Pregúntate cual es la causa real del que no quieres participar: ¿le tienes miedo a contagiarte, al virus? Puede que estemos hablando de una Ansiedad Específica. ¿Sientes desgano, falta de energía o motivación para participar con los demás? Puede que se trate de una afección más emocional.

La verdad muchos estamos pasando por esto, y te recuerdo que siempre puedes conversar con un profesional de la salud, que sin dudas te ayudara a sentirte mejor. Todo tiene solución siempre y cuando sepamos con que estamos lidiando.

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